Capítulo 10 - La Caligrafía del Invierno
Capítulo 10 La Caligrafía del Invierno Escribo estas líneas desde un rincón suspendido de Montreal, en un apartamento donde el invierno no solo cae, sino que afila sus silencios. La memoria se sienta conmigo a la mesa, sin permiso, y a veces el silencio es mi único invitado. No arrojo esta botella a un océano con coordenadas; la entrego al aire gélido de la ciudad, como quien confía un secreto al rigor de una ventisca. Tal vez el invierno la deposite, efímera, sobre la orilla del San Lorenzo para que se disuelva sin testigos. O quizá la encuentre un desconocido: alguien que, al recogerla, sostenga entre sus manos un fragmento de mi escarcha y lo lea como quien escucha un eco que creía olvidado. Aquí la nieve cae con la precisión de lo inevitable. Cubre las grietas del asfalto como si pretendiera vendar las cicatrices de la ciudad… y las mías. Al detenerse —así, sin plan previo— el frío se vuelve una lente. No muestra solo el peso de los años, sino las versiones de uno mismo que quedar...