Capítulo 37 — El rostro múltiple del tiempo
Capítulo 37 El rostro múltiple del tiempo Hace casi diez años llegué a este edificio de la rue De Rigaud con una maleta discreta y esa forma de silencio que traemos los que hemos aprendido a no hacer ruido al entrar en la vida de los otros. El pasillo me recibió como un viejo guardián cansado, con paredes que parecían escuchar cada paso y guardar secretos en sus grietas. El ascensor, lento y obstinado, me miró como si supiera que yo venía a quedarme más tiempo del que imaginaba. No era solo un edificio: era un animal dormido, con respiración de tuberías y latidos de puertas que se abrían y cerraban. Y yo, recién llegado, me convertí en uno de sus habitantes invisibles, un eco más en la memoria de sus muros. El apartamento 413 me recibió sin ceremonia. Había algo en el aire —no sabría decir si era polvo, memoria o resignación— que no me pertenecía del todo. Como si alguien hubiera salido apenas unos minutos antes y no hubiera regresado. Como si el cuarto mismo estuviera tod...