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Mostrando entradas de abril, 2026

63 — Lo que la noche sabe

 Capitulo 63  — Lo que la noche sabe Poco sé de la noche, y sin embargo hay en ella una forma de reconocimiento que me inquieta. Es como si me hubiera estado esperando desde siempre, como si supiera mi nombre antes de que yo mismo lo aprendiera. Cuando llega, no lo hace con estruendo, sino con una delicadeza antigua: apaga los contornos del mundo, suaviza las heridas del día y me cubre con una penumbra que no asusta, sino que abriga. Bajo su amparo, la conciencia se vuelve más honda, como si cada estrella fuese una pequeña lámpara encendida para alumbrar lo que en la claridad se esconde. A veces me atrevo a pensar que hemos entendido todo al revés. Que la vida no ocurre bajo el sol, sino en esta respiración oscura donde los pensamientos se desnudan y las certezas pierden su rigidez. Quizás el sol, con su luz implacable, sea apenas una pausa luminosa, y la noche, en cambio, el verdadero territorio donde existimos sin máscaras. O tal vez no haya nada de eso y todo sea una ilusi...

Capitulo 62 — El diálogo incesante de la arena y el mar

 Capitulo 62 — El diálogo incesante de la arena y el mar El destino no está escrito en piedra. Respira, más bien, en la arena tibia, donde cada trazo aguarda —con paciencia — la llegada de una ola que lo borre, lo desfigure o, con un gesto inesperado, lo transforme en otra cosa. A veces siento que mi vida entera ha sido eso: una escritura precaria, obstinada, sobre una playa que nunca terminó de reconocerme como suya. He dejado ciudades como quien abandona habitaciones todavía tibias; he soltado nombres que antes me sostenían y que hoy apenas sobreviven como un eco distante; he habitado casas que fueron refugio y luego se volvieron silencio. Todo queda así, insinuado apenas, como si la memoria misma supiera que no conviene aferrarse demasiado, porque siempre hay una ola al acecho, dispuesta a deshacer lo que creímos permanente. Y, sin embargo, sigo escribiendo. Hay en ese gesto una terquedad que no me pertenece del todo, como si viniera de más lejos, de otras voces, de otras vidas...

Capitulo ..61 La gravedad interior

Capitulo 61 La gravedad interior  Tres días sin bajar a la calle. El termómetro dice menos doce y yo le creo, pero lo que me mantiene adentro no es el frío sino algo más difícil de nombrar: una suerte de gravedad interior que en ciertos días de invierno me amarra a este piso con una fuerza gentil, casi maternal. No siempre fue así. Hubo años en que el movimiento era una forma de respirar. Desplazarme de ciudad en ciudad, de vida en vida, como si creyera que en algún otro lugar me esperaba una versión más completa de mí mismo. Colombia, Montreal, México, de nuevo Montreal. La maleta conoce esa historia mejor que nadie: no solo cargó ropa y documentos, sino también silencios que no cabían en ninguna conversación, miedos todavía sin nombre, la fotografía de mi madre que cruzó tres fronteras sin romperse. Ahora la maleta duerme en el clóset del corredor. Siento su presencia como se siente la de los objetos que alguna vez fueron vitales. Ellos no olvidan, aunque finjan quietud. Afu...

Capítulo 60 El rescoldo del lenguaje

 Capítulo 60 — El rescoldo del lenguaje A veces siento que las palabras se me deshacen como hojas demasiado viejas —hojas que ya no recuerdan el árbol del que cayeron. Se vuelven humo, briznas, un temblor que apenas roza el aire antes de perderse en los corredores del silencio. Y sin embargo, algo en mí insiste en buscarlas. Como quien rastrea el olor de un hogar que ya no existe, pero que el cuerpo todavía conoce. He vivido entre palabras como quien vive entre ruinas luminosas: tocando cada piedra para ver si aún conserva un poco de calor, si todavía guarda la huella de algo que pasó sin detenerse. Porque yo también quise fundar un jardín con sílabas, levantar algo duradero sobre la arena movediza del lenguaje, convencido de que allí —en ese temblor— podía anidar lo verdadero. Pero las palabras tienen su propio pulso. Su respiración secreta. Su manera de desprenderse de uno como criaturas que regresan a la noche de donde vinieron. Uno cree que las pronuncia. Es al revés. Son...

Capítulo 59 — El desconocido que aún me habita

Capítulo 59 — El desconocido que aún me habita   A esta altura de la vida, cuando el silencio ya no incomoda y más bien se instala como un huésped que conoce la casa mejor que uno mismo, he empezado a entender que no existe una ruptura real con lo que fuimos. Uno no se despoja de su pasado: apenas aprende a coexistir con ese extraño que lo habita y que, de vez en cuando, asoma la cabeza para recordarle que sigue ahí. Hoy, mientras el café humeaba con una paciencia antigua y la ventana devolvía un reflejo que no termino de reconocer, pensé en ese hombre que fui alguna vez. No lo miré con ternura ni con dolor, sino con la distancia respetuosa que se le concede a quien sobrevivió a algo que no sabemos nombrar. Ese otro salió adelante como pudo, con la ropa intacta y la mirada cambiada, y yo lo observo ahora como se observa a un desconocido que, sin quererlo, nos abrió el camino. Hay algo que no nos dicen cuando somos jóvenes: no somos uno solo. Somos una multitud que avanza en fila, e...

Capitulo 58 ' El tiempo

Capitulo 58   El tiempo  El tiempo, he llegado a entenderlo tarde, no es la flecha que me enseñaron en la escuela ni la línea dócil que los relojes pretenden domesticar. Es un río con humor propio: se acelera cuando uno quisiera demorarse, se enrosca cuando uno busca claridad, se detiene en remolinos donde ciertos recuerdos insisten en quedarse girando, como hojas atrapadas en un mismo punto del agua. A veces pienso que Einstein no hablaba de ecuaciones, sino de nosotros. De esta vida que se dobla, se retuerce, se bifurca sin pedir permiso. Hay días en que siento que mi historia pudo haber seguido otro cauce, que un gesto mínimo —una palabra dicha a destiempo, una puerta que no crucé— abrió un río paralelo donde camina un hombre que se parece a mí, pero no soy yo. Y en esa sospecha hay algo de vértigo y algo de consuelo. Porque si el tiempo puede curvarse como un pretzel, si puede formar nudos y desatarse, si puede dividirse en dos ríos sin romperse, entonces quizá tampoc...

Capitulo 57 - Lo que la memoria no devuelve

  Capítulo 57 Lo que la memoria no devuelve Y entonces lo comprendí: lo que había perdido no era solo un alma extraviada en un paisaje irreal, sino una parte de mí que quedó atrapada en el país que dejé atrás. Durante años creí que el exilio era un paréntesis, una pausa en la vida verdadera, algo que terminaría cuando lograra reencontrarme con aquello que se me escapó en el camino. Pero el exilio no termina: se instala, se acomoda, se vuelve una segunda piel que uno aprende a cargar sin hacer ruido, como se carga el invierno. Volví sobre mis pasos tantas veces —en la memoria, en los sueños, en los silencios que se abren antes del alba— buscando ese fragmento que creí haber dejado en Medellín, en una calle cualquiera, en un gesto que ya no recuerdo con exactitud pero que todavía duele con precisión. Revisé cada rincón de mi historia, como quien rebusca en un cajón lleno de objetos que ya no sabe si le pertenecen. Pero la verdad se impuso con la claridad de una herida antigua: no ...

Capítulo 56 — Donde el dolor aprende a nombrar la luz

Capítulo 56 — Donde el dolor aprende a nombrar la luz “Llegué por el dolor a la alegría. Supe por el dolor que el alma existe.” Hay verdades que no se anuncian: se filtran. Llegan como el frío que se cuela por las rendijas de una casa antigua, sin pedir permiso, sin levantar la voz. Así fue como el dolor entró en mí: sin estruendo, sin advertencias, ocupando cada habitación de la memoria hasta volverla irreconocible. Durante mucho tiempo creí que venía a destruirlo todo. No sabía —nadie me lo había dicho— que también venía a revelar. Al principio, su presencia era apenas un susurro. Las paredes crujían por las noches como si recordaran otros inviernos, y los objetos más queridos adquirieron un peso distinto, como si guardaran en su interior historias que yo aún no estaba listo para escuchar. Una taza olvidada, una fotografía amarillenta, el eco de una risa: todo parecía mirarme con una paciencia antigua, esperando que yo comprendiera. Porque hay un instante, apenas perceptible, en el q...

Capítulo 4 — El camino más corto

 Capítulo 4 — El camino más corto No sé en qué momento comenzó todo esto. Tal vez ocurrió de la misma manera en que envejecen las fotografías guardadas en los cajones: lentamente, sin pedir permiso, hasta que un día descubrimos que el rostro que nos mira desde el papel ya pertenece a otra estación del alma. Hay cosas que empiezan siendo apenas una inclinación del espíritu y terminan convirtiéndose en la arquitectura secreta de una vida. La necesidad de aprobación fue, durante mucho tiempo, mi único espejo; las palabras ajenas, una brújula prestada que siempre señalaba lejos de mí. Así, casi sin advertirlo, fui aprendiendo a existir hacia afuera, como esas casas antiguas de Montreal que muestran ventanas luminosas mientras adentro el frío avanza por las paredes. Aquí, en este pequeño rincón de la calle De Rigaud, esas ideas regresan con una claridad que antes no tenían. Esta mañana, mientras acomodaba una taza en el estante —exactamente en el mismo lugar de siempre, como si el ord...

FIN_Capítulo 53— Memoria de un camino sin destino

  Capítulo 53 — Memoria de un camino sin destino Esta mañana encontré, en el bolsillo de un abrigo viejo, una tarjeta de embarque. No recuerdo el vuelo. La tinta ha cedido ante el tiempo hasta volverse casi silencio: apenas una consonante, tal vez una vocal, resistiendo como un náufrago en la orilla del papel. La sostuve frente a la luz de la ventana durante un largo rato, como si aún guardara el eco de algún aeropuerto a medianoche —ese rumor de ruedas sobre el mosaico, ese murmullo de despedidas que nunca terminan de decirse—, y la sensación inquietante de tener el mundo delante sin saber si aquello era miedo… o libertad. Probablemente era ambas cosas. Siempre lo fue. He pasado buena parte de mi vida en los umbrales. No en los lugares de llegada, sino en ese territorio incierto entre partir y quedarse: la habitación donde uno desempaca lo justo, el barrio que todavía no reconoce la silueta de uno al pasar, la lengua que se pronuncia con cautela, como quien cruza un río pisand...

Capítulo 52 — El guardián invisible

Capítulo 52  — El guardián invisible Hay una mañana que no termina de irse. La llevo conmigo como se lleva una piedra pequeña en el bolsillo: no pesa, pero la mano la encuentra cada vez que busca algo. Era enero. O febrero. El año tenía ese color gris que tienen los años antes de que algo los rompa para siempre. Estaba sentado en una silla de la sala, con la maleta ya hecha junto a la puerta, y no podía levantarme. No era fatiga ni desgana: era otra cosa. Algo que se parecía al peso, pero que venía de adentro, como si el cuerpo supiera antes que la mente que ese gesto —ponerse de pie— iba a dividir la vida en dos. El calendario, sin embargo, diría después otra cosa. Diría 26 de julio de 1988, Medellín, calor húmedo, visa por catorce días. Pero la memoria insiste en que todo empezó antes, en ese enero o febrero sin fecha precisa, cuando el año se quebró sin hacer ruido. Porque uno no se va el día que se va. Uno se va mucho antes, cuando empieza a entender que ya no cabe en el lugar ...

Capitulo 51 - La vejez como revelación

Capitulo 51  La vejez como revelación La vejez no llegó como un trueno —de esos que parten la noche en dos—, sino como una niebla lenta, casi sin ruido, que fue entrando por las rendijas. Y, sin embargo, debo confesarlo: me sorprendió más que la idea misma de morir. No por inesperada —porque uno sabe, aunque no lo diga, que el tiempo no tiene apuro—, sino por la forma en que se instala: silenciosa, casi cortés, pero con la obstinación de lo irreversible. La muerte es un punto; la vejez, en cambio, es una línea que se alarga, un crepúsculo que se demora más de la cuenta, como si el día dudara en extinguirse. Envejecer es una forma de despojo. No uno violento, sino delicado, casi ceremonial. La vida comienza a desabotonarnos con manos invisibles: nos quita, sin ruido, aquello que creíamos esencial —el lugar en las conversaciones, la prisa compartida, la ilusión de ser necesarios—. Y uno queda ahí, a medio camino entre lo que fue y lo que ya no hace falta. Hay mañanas en que despiert...

*** 50 La manera en que la luz se retira

  Capitulo 50 -La manera en que la luz se retira No le temo a la muerte. Lo que me inquieta es la manera en que pueda hallarme cuando llegue: si encontrará el cuarto en orden o en ese desorden áspero que he visto en otros cuerpos, cuando la vida se deshilacha sin elegancia y nadie alcanza a recoger los hilos. La muerte, al fin y al cabo, es un gesto mínimo. Una puerta que se cierra sin estrépito. Pero el final es otra cosa. El final es un corredor donde la sombra se estira y el cuerpo comienza a desconocerse, como si olvidara, poco a poco, que alguna vez fue casa. He visto despedidas mal resueltas. He visto lámparas que titilan antes de rendirse, respiraciones que se vuelven territorio hostil, manos que tantean el vacío buscando una orilla que no responde. He visto cuerpos rendidos antes de tiempo, rostros que se apagaban con esa lentitud que no debería pertenecerle a nadie. Y entonces uno comprende —sin palabras, porque para esto las palabras llegan tarde— que no es la muerte lo...

Capítulo 50 — Donde el viento aprende a quedarse

 Capítulo 50 —Donde el viento aprende a quedarse A veces siento que he vivido como el viento: no ese que arranca techos ni ese que se anuncia con furia, sino el otro, el que pasa sin pedir permiso y deja vibración apenas visible en las cortinas. Así he cruzado los años —con una maleta que nunca termina de vaciarse—, recogiendo nombres, estaciones, silencios. Y sin embargo, hay días en que descubro, con una sorpresa casi infantil, que incluso el viento se cansa de irse… y aprende, poco a poco, a quedarse. Esta mañana, mientras el invierno se demoraba en los bordes de la ventana, dejé enfriar el café más de la cuenta. No por descuido, sino por esa costumbre que uno adquiere con los años: dejar que las cosas reposen, como si en esa pausa se revelara algo que antes no supimos escuchar. Afuera, un hombre caminaba con prisa —quizá hacia un trabajo, quizá hacia una vida que todavía le exige respuestas—. Yo lo observaba desde este lado del tiempo, donde las preguntas ya no se persiguen: ...

Capitulo 48 - Lo que el tiempo no anuncia

 Capitulo 48 Lo que el tiempo no anuncia Hay una forma silenciosa en que la vida se despide de nosotros, y no tiene nada de solemne. No hay campanas ni advertencias. El tiempo —que siempre creí un compañero discreto— resulta ser un anfitrión demasiado educado: nos acompaña hasta la puerta sin decirnos que ya no volveremos a entrar. He pensado en eso esta mañana mientras doblaba una camisa. Un gesto tan menor, tan repetido, que casi no merece contarse. Y sin embargo, algo en el peso de la tela entre las manos —esa tibieza que queda del planchado— me llevó sin aviso hacia otro lugar, hacia otra mañana que ya no existe excepto aquí adentro. Afuera, la ciudad respiraba su rutina con una precisión que a veces envidio: los pasos medidos, los rostros contenidos, la nieve que se resiste a irse del todo, como si también ella dudara en despedirse. Y sin embargo, todo pasa. Incluso aquello que parecía quedarse. Hay gestos que uno hace sin saber que están ocurriendo por última vez. Una ta...

Capitulo 47 — El poeta en el umbral

  Capitulo 47 — El poeta en el umbral A esta edad —cuando los días ya no se apresuran y el silencio ha aprendido a sentarse conmigo sin incomodidad— he llegado a sospechar que el ser poeta no es un oficio, sino una forma de estar en el mundo. Una manera de habitarlo sin pertenecerle del todo. Lo descubro en gestos pequeños. Esta mañana, por ejemplo, mientras el vapor del café dibujaba figuras inciertas frente a la ventana, tuve la impresión de que alguien —quizás el hombre que fui— se detenía a observarme desde el otro lado del tiempo. No dijo nada. Nunca lo hace. Pero en su mirada había una pregunta que aún no sé responder del todo: ¿en qué momento comenzamos a mirar la vida desde afuera, como si ya no fuera completamente nuestra? Tal vez allí comienza todo. El poeta —si es que puedo llamarlo así— nace cuando uno deja de atravesar los días como quien cumple un trámite, y empieza, en cambio, a rozarlos con una atención casi reverente. Como si cada instante pudiera romperse si se le...